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El "Canon de Medicina de Ibn Sina" (1025) (conocido por nosotros como Avicena) |
Las categorías diagnósticas se han multiplicado, ya que en 1952
(cuando se publicaron los DSM-I, el primer manual estadístico de diagnóstico
psiquiátrico de la Sociedad Americana de Psiquiatría) éstos constaban de unas
cien entidades, mientras que en los actuales DSM-5 (2013) disponemos de más de
trescientas.
Por ello, han surgido voces críticas, incluso dentro de los
compiladores y clasificadores de la psiquiatría norteamericana.
Tal es el caso del psiquiatra Allen Frances, que dirigió la versión revisada de los DSM en su cuarta edición en 1994, pero que en estos días se alza como una voz crítica frente a los DSM-5 y a la proliferación de diagnósticos “conductuales”, así como a la presión de la industria farmacéutica por generar por fomentar patologías (lo que se conoce como "diseases mongering", fenómeno que me gustaría tratar en otra ocasión). En realidad quería centrarme en el:
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El Dr. Allen Frances, muy crítico con los criterios diagnósticos y especialmente con la psiquiatría infantil norteamericana |
Tal es el caso del psiquiatra Allen Frances, que dirigió la versión revisada de los DSM en su cuarta edición en 1994, pero que en estos días se alza como una voz crítica frente a los DSM-5 y a la proliferación de diagnósticos “conductuales”, así como a la presión de la industria farmacéutica por generar por fomentar patologías (lo que se conoce como "diseases mongering", fenómeno que me gustaría tratar en otra ocasión). En realidad quería centrarme en el:
Diagnóstico en Psiquiatría
En primer lugar, estas
líneas no pretenden ser una crítica hacia la nosología psiquiátrica. El
diagnóstico es importante para establecer una hipótesis etiológica, un
pronóstico y un modelo de tratamiento. Y también para que nos entendamos entre
profesionales.
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Una más que supuesta localización de funciones cerebrales |
Sin embargo, hay que
considerar que el excesivo afán en encuadrar un paciente en un diagnóstico (y especialmente en una
primera visita o en una visita de urgencias) puede ser altamente ineficaz. ¿Por
qué? Porque un diagnóstico hecho con prisas sirve muy poco para entender el
proceso que sufre el paciente, y además no ayuda nada (pero nada de nada) a
dicha persona, que puede salir con una flamante etiqueta, a veces precipitada,
a veces peyorativa, a veces incomprensible y muy probablemente inútil.
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La psiquiatra Lucy van Pelt hace un diagnóstico precipitado a su paciente Charlie Brown |
Pensemos que estamos
viendo una película (un DVD, Blu-ray, o algo así) y podemos parar una secuencia
a nuestro antojo. En ese momento contemplamos una “foto fija”. Si alguien entra
en la habitación en ese instante, verá una imagen congelada que le dará alguna
información, pero poco sabrá de lo que ha sucedido antes, del argumento o de
los diálogos del film.
Pues bien, cuando
entrevistamos a un paciente lo estamos viento en una situación y momento
concreto (“foto fija” o estatus psicopatológico de ese momento, o como mucho,
diagnóstico transversal), pero toda la película la tendremos cuando hayamos
realizado un historial mucho más exhaustivo, si podemos completar su historia a
través de un familiar y sobre todo a través del seguimiento (diagnóstico
longitudinal).
Por tanto, me permito
hacer unas observaciones sobre el “arte” de diagnosticar, y especialmente en
Psiquiatría (me he permitido revisar y recomponer unas cuantas sugerencias extraídas
del libro del propio Allen Frances “Essentials
in Psychiatric Diagnoses” (2013):
- En caso de duda: NO DIAGNOSTICAR:
“Primum non nocere” (Primero, no
perjudicar)
Y yo precisaría todavía más: primero y
por encima de todo, no perjudicar.
Mientras
que el diagnóstico preciso es la base de un tratamiento adecuado, un
diagnóstico incorrecto puede ocasionar un desastre. Pienso que es más honesto
indicar que el “diagnóstico está diferido” a la espera de obtener más
información o de la evolución, que precipitarse a colgar una etiqueta de
nuestro catálogo de trastornos mentales.
- emplear el tiempo NECESARIO y hacer el esfuerzo adecuado:
Explorar
de forma exhaustiva en cada entrevista, y considerar que en ocasiones se
necesitan múltiples entrevistas para poder llegar a conclusiones, excepto en
aquellos cuadros de presentación muy clásica (lo que se dice coloquialmente
como “de libro”).
A
tener en cuenta también la experiencia del médico, ya que además de lo que se
lee en los libros y lo que nos enseñan en el período de formación de la
especialidad, los pacientes son los verdaderos maestros del psiquiatra.
Ninguna
fuente es siempre completa. La triangulación de datos de múltiples fuentes de
información nos lleva a un diagnóstico más fiable.
- Hay GRUPOS DE EDAD en los que el diagnóstico es DIFÍCIL:
a.
Los niños.
Los niños tienen un corto recorrido vital, y distintas
tasas de maduración entre ellos, con lo que hay grandes diferencias
individuales por edad, siendo además muy reactivos a situaciones ambientales. Además, la mayor parte
de la información la proporcionan los padres y tutores, y por tanto existe un
sesgo en la información, según sean aquellos que la proporcionen, por ejemplo, padres o madres
preocupadizos o ansiosos tenderán a dar mucha más importancia a hechos banales o establecer comparaciones
entre sus hijos y otros niños con mejor maduración (aunque sus hijos sean
perfectamente normales).
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Posiblemente Linus que todavía es un niño, con el tiempo, superará la adicción a su mantita |
b.
Los adolescentes.
Aquí la mayor dificultad estriba en conectar
con el paciente, que es posible que no haya acudido a la consulta por voluntad
propia.
Por otra parte, en esta franja de edad nos
encontraremos problemas de consumo de tóxicos, que casi siempre suelen negar
y/o minimizar.
Asimismo, esta es la edad de máximo riesgo
para los “Trastornos de alimentación”,
que no se caracterizan -al menos al inicio del proceso- por su colaboración
terapéutica.
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El adolescente Woodstock, psicoanalizándose ¿será sincero con Lucy? |
c.
Los ancianos.
En las personas mayores es también difícil
diagnosticar la enfermedad mental, ya que sus síntomas psiquiátricos pueden ser
causados por una enfermedad médica o neurológica.
Se trata de un grupo de población
poli-medicada, siendo los ancianos más propensos a los efectos adversos de los
fármacos y a las intereacciones entre éstos.
- Considerar la posibilidad de un DIAGNÓSTICO ANTERIOR:
Es decir,
tener en cuenta la opinión de un colega que haya visitado previamente al
paciente, ya que lo ha visto en una “foto” diferente y previa a la que nosotros
contemplamos. Pero tampoco aceptarlo ciegamente. Los diagnósticos erróneos
suelen tener una larga vida y un desafortunado poder de permanencia. Realizar
una evaluación cuidadosa del curso longitudinal del paciente.
- Revisar el diagnóstico constantemente.
Especialmente
cuando un paciente no se beneficie de un tratamiento basado en un diagnóstico
dado. En ocasiones los médicos, como todos los seres humanos, podemos tener una
visión de túnel una vez llegados a una conclusión y minimizar otros datos, en
especial aquellos que son contradictorios con nuestro dictamen.
- Atención a las presentaciones LEVES.
Esta presentación es la más difícil de diagnósticas, ya que la línea de demarcación entre la normalidad y el trastorno mental no es clara y está "densamente poblada".
Determinados
problemas (o bien por ser leves o porque sean reacciones más o menos adecuadas
a una contrariedad) a menudo se resuelven espontáneamente, con el tiempo y sin necesidad de un
diagnóstico o tratamiento. En otros casos, las características del propio
paciente determinarán la necesidad tanto de diagnóstico como de intervención
terapéutica y la decisión ha de estar basada en una cuidadosa evaluación.
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Charlie Brown tiene poca autoestima, pero posiblemente no reciba un diagnóstico psiquiátrico |
- Conocer al paciente.
Es
también un dictum de Hipócrates: “El conocimiento del paciente es tan
importante como el de la propia enfermedad”. Es importante no quedar tan
atrapados en los detalles de los síntomas, que se pase por alto el contexto en
el que se producen.
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La Dra. van Pelt conoce exhaustivamente a su paciente el Sr. Brown (desde la infancia) |
- Considerar la PROBABILIDAD MÁS FRECUENTE.
Hay un refrán norteamericano que dice así:
“Si escuchas un sonido de cascos en el
pavimento, es más probable que se trate de un caballo que no de una cebra”
Así, por interesantes que sean algunos diagnósticos “exóticos” o especiales lo más habitual son los cuadros de alta prevalencia, a pesar de las ganas de “publicar un caso único”.
- Evaluar la organicidad.
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Sin palabras |
O sea, hablar con el paciente, escucharlo
atentamente, preguntar, explorar… meditar y reevaluar periódicamente. Y siempre
pensar que el paciente, nuestro paciente, sufre una entidad clínica, su
auténtica esencia NO es el trastorno que padece.
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Diagnóstico psiquiátrico: seguir del hilo |
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