domingo, 26 de mayo de 2013

La TRISTEZA de la depresión


Depresión no es tener un mal día
Cómo se ha popularizado el término depresión. Más bien diría que se ha vulgarizado, y se utiliza continuamente: “estoy depre”, “que película tan triste, que depresión”, “esta casa me deprime” “yo no creo en las depresiones, eso es que no tiene ningún problema”… y hasta en aumentativo “tiene una depresión de caballo” y esto supongo que se referirá a que a animal voluminoso, más voluminoso será el padecimiento (aunque nunca he oído “una depresión de elefante” o “una depresión de ballena”).

Aparte de esta digresión, realmente sí que el término ha calado en nuestro lenguaje habitual. Pero ¿nos referimos exactamente a DEPRESIÓN entendida clínicamente cuando así hablamos?

En realidad, en este habla coloquial parece que la depresión se utiliza como sinónimo de tristeza, e incluso de fastidio ante un inconveniente cotidiano. Y aunque la tristeza es un síntoma principal en los estados depresivos, desde luego no son sinónimos. También añadiría que la tristeza de la persona que padece una depresión es especial, más profunda y oscura. Intentaré explicarme.



En algunas personas, el otoño les puede producir tristeza
La tristeza es una emoción primaria, a la que todos los humanos tenemos acceso en nuestro repertorio vital.

Bien, ahora tocaría explicar qué es una emoción primaria o básica: aquella que siendo innata no contiene otra emoción como parte, es universal, no dependiendo de la cultura y que tiene diferentes patrones en el sistema nervioso autónomo. Desde los estudios de Ekman en 1983, se consideran seis emociones básicas:
Sorpresa, Asco, Tristeza,  Ira, Miedo y Alegría. 

También algún paisaje nos provoca esta emoción
Así pues, la tristeza es una emoción inherente al ser humano, estar triste es una reacción a situaciones particulares como una pérdida, un disgusto una frustración, e incluso a situaciones no claramente identificables, como puede ser la tristeza que nos acompaña en algunas situaciones climáticas.

Sin embargo, la depresión se diferencia de la tristeza en dos aspectos:

  1. No sólo es tristeza, sino que es un cuadro clínico que configura síntomas de la esfera afectiva (el estado de ánimo),  de la esfera física y de la esfera cognitiva (síntomas psicológicos).
  2. Por otra parte, la cualidad de la tristeza en las depresiones, sobre todo en aquellas que antaño se denominaban endógenas (o depresiones melancólicas) es especialmente intensa:
La aflicción del paciente
con depresión
  • Los pacientes depresivos describen este sentimiento de tristeza como estar en un pozo o en un túnel, al que no se le ve la salida. Un pesar o dolor moral, a veces indescriptible, porque no pueden atribuirlo a nada de lo que les acontece y esto todavía les desconcierta más. 
  • Describen una pena negra que les atrapa y les convierte en indiferentes a lo que les rodea, como si un cristal translúcido les separara de su realidad.
  • Ven como la gente se ríe, y entienden porque los otros se ríen, pero ellos no pueden reir.
  • Ven como la gente se interesa por las cosas, y ellos han perdido esta capacidad…
  • Sienten una gran indiferencia, pero es una indiferencia sufrida, no un diletantismo o “pasotismo”.
  • Perciben una sensación de estar atrapados, como un insecto que no puede atravesar el cristal de una ventana. 
  • El tiempo se dilata, parece que no pase... un minuto dura una hora, una hora es como un día, y un día, se hace eterno. 
  • Escuchan como los suyos, la gente que les quiere les animan, pero este ánimo no traspasa ese cristal que les mantiene aislados de su mundo, con la sola compañía de la tristeza.
El tiempo se eterniza para el paciente con depresión
Es como vivir en una pesadilla permanente: impotencia, inactividad, indiferencia, angustia y tristeza.
















El paciente con depresión se siente alejado de su entorno, y además atrapado en su tristeza y pesar



Es decir, la depresión, sufrir una depresión es algo muy serio. Más de un paciente al mejorar me ha confesado que preferiría pasar por cualquier otra enfermedad, incluso de riesgo letal, que volver a padecerla. 















sábado, 25 de mayo de 2013

La atrocidad, la religión y la CULPA


Esta semana hemos tenido otra muestra de atrocidad y fanatismo. Sucedió el pasado 23 de mayo, cuando dos jóvenes islamistas (22 y 28 años) atacaron con machetes y cuchillos al también joven soldado Lee Rigby, de 25 años de edad, natural de Manchester y padre de un niño de dos.

El nombre de Alá, usado en vano para asesinar
Este suceso nos ha dejado unas imágenes estremecedoras: mientras el cuerpo de Rigby yace en el pavimento, un joven con las manos totalmente ensangrentadas se dirige a una cámara (creo que del  teléfono móvil de un viandante) y grita entrecortadamente “Juramos por Alá que nunca dejaremos de combatiros”.

Otro vídeo aficionado también nos ha mostrado cómo la policía tirotea a los agresores que fueron heridos y trasladados a dos centros hospitalarios. Según lo publicado en la prensa, uno de los asaltantes, británico de origen nigeriano, pertenece a una familia católica, aunque hace años se convirtió al Islam.

Esa misma noche se produjeron ataques contra musulmanes y mezquitas en el Reino Unido perpetrados por organizaciones derechistas.

¿De dónde sale tanta violencia? Cómo en nombre de la fe se puede generar tanto odio y  crueldad hacia otro ser humano. Creo que tiene una única explicación que es el fanatismo.

Según la definición de Alonso Fernández, el fanatismo es una pasión exacerbada, desmedida y tenaz, una adhesión incondicional a una causa, un entusiasmo desmedido y persistente hacia un tema (puede ser una causa religiosa, política e incluso un pasatiempo o un hobby). En casos extremos en los cuales el fanatismo supera la racionalidad, puede llegar a extremos peligrosos como dañar a seres humanos.

Sin embargo, el fanático está exento del sentimiento de culpa.

La culpa, un sentimiento abrumador
La culpa es una emoción tan común como el amor y en casos extremos tan dañina como el odio. Como el amor y el odio, es algo que afecta permanente a la mayor parte de los humanos. Sin embargo, la culpa tiene una función “normalizadora” de la conducta.

Incluso el cristianismo está construida sobre la culpa. Los cristianos creen que Jesucristo, hijo de Dios, viene al mundo y muere para la redención de los pecados del género humano, es decir, para “saldar nuestras culpas. 

Sólo los fanáticos y los psicópatas viven enteramente libres de culpa.

Los fanáticos ignoran que es la culpa y no la perciben, porque están tan inmersos en un sentimiento de “justa” indignación que no tienen un espacio interior para dudar de sí mismos. Nunca necesitan preocuparse o condolerse por otra gente, porque son arrastrados por una fuerza que parece mayor y más poderosa que nada. Y esa fuerza les impulsa a cometer la mayor de las atrocidades en aras de esa justicia a la que aspiran y que quieren imponer.

Esa única obsesión que impulsa al fanático no le deja lugar para sentimientos como la conmiseración, la empatía, el perdón, la comprensión. Y mucho menos para el remordimiento y la vergüenza que son los materiales básicos con los que el resto de nosotros construimos nuestras culpas".

Los religión islámica no está tan lejos de la cristiana en sus orígenes, ya que es una de las religiones monoteístas abrahámicas. 
El musulmán afirma la existencia de un Señor y Creador de los Cielos y la Tierra, Dueño de todo lo existente, divinidad única, caracterizado de toda perfección, alejado de todo defecto. 
Y considera a Jesús (llamado Isa) como uno de sus más queridos profetas, no como una divinidad e hijo de Dios, cuando concluyó su misión profética, Alá llevó a Isa a su seno. 
Símbolos de las religiones monoteistas. En el siglo XXI todavía se mata en nombre de la fe


Mientras escribo esto se produce otra noticia preocupante. Un hombre ha atacado a un militar francés a plena luz del día en el barrio de La Défense en París. El agresor le ha herido y se ha dado a la fuga. El militar uniformado realizaba tareas de vigilancia antiterrorista. Afortunadamente su vida no corre peligro.

Una nueva reflexión ¿de donde su nutre el fanatismo?  El fanático ejecutor normalmente es manipulado por otro u otros fanáticos. Pero ¿qué hace que alguien se fanatice? Biografía, rasgos de personalidad, resentimiento, pobreza, iluminación "mesiánica",  psicopatología, creencia en una única verdad absoluta, desesperanza ...



sábado, 18 de mayo de 2013

El reloj y los CRONOPIOS. Julio y Carole jugando a Rayuela





Hoy he releído un relato que me ha hecho sonreir… y pensar.


       Preámbulo a las INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ”

Que no te posea el reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan –no lo saben, lo terrible es que no lo saben- te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo a perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.”

Julio Cortázar, Historias de Cronopios y de Famas


Esta poesía en prosa se escribió en 1962.

Me ha hecho pensar en que los humanos podemos ser esclavos de las cosas, de nuestras propias posesiones. No se si Cortázar tenía la intención de reflexionar sobre ello, ya que el autor se refería a estos relatos como una especie de juego que le había proporcionado un gran placer al escribir.

Sin embargo, muchos críticos literarios han buscado en este librito significados ocultos o incluso de crítica de la sociedad argentina de la época.

Un cronopio bajo una flor
La obra habla de los cronopios (ojo, el término nada tiene que ver con el tiempo) seres “verdes y húmedos” criaturas ingenuas, idealistas, desordenadas, sensibles y poco convencionales, en claro contraste con los famas, que son rígidos, organizados y sentenciosos; y las esperanzas: simples, indolentes, ignorantes y aburridas.



El término cronopio acabó por convertirse en un tratamiento honorífico que Cortázar y otros autores que admiraban su obra, aplicaban a amigos y gente admirada. (Cortázar se lo dedica por vez primera a Louis Armstrong).

Julio Cortázar,  en la década de los 60
Julio Cortázar es reconocido especialmente por su novela Rayuela, una de las obras centrales del boom latinoamericano. Escrita en un estilo muy variado, llegando incluso al surrealismo en determinadas partes, y con la peculiaridad que puede hacerse su lectura en tres órdenes diferentes.

Cortázar falleció en 1984 en París, donde había vivido buena parte de su vida. Su último año y medio estuvo sumido en una fuerte depresión que le sobrevino tras la muerte en 1982 de su segunda esposa, Carole Dunlop. Fue enterrado en el cementerio de Montparnasse, en la misma tumba que ella.




El juego de la rayuela. La novena casilla es el "cielo"

Se le rinde homenaje dejando sobre la lápida una hoja de papel con la rayuela dibujada, junto con piedrecitas como las que se utilizan en este juego.

La tumba de Julio y Carole en el cementerio de Montparnasse en París.
Papel y piedras para jugar a la rayuela

 


Clasificando: DSM-5


La American Psychiatry Association (APA) anunció esta semana el lanzamiento para el próximo 22 de mayo, de la nueva edición de su manual diagnóstico (el famoso DSM, que utilizamos los psiquiatras para “etiquetar”).

Se trata de la primera actualización en casi veinte años (el DSM-IV data de 1994) y según David Kupfer el psiquiatra presidente del grupo de trabajo del nuevo manual, DSM-5, se pretende reflejar casi dos décadas de avances científicos y experiencia clínica.

Cuáles son las principales novedades:

1.             La primera es anecdótica. El DSM pierde su ordinal romano (IV) para pasar a tener un cardinal arábigo (5) y así será en lo sucesivo.

2.             A lo largo del manual, los trastornos se enmarcan en tres contextos:
a.    La edad
b.    El género
c.    Las expectativas culturales

3.      La enfermedades mentales ya no se diferencian (como en manuales anteriores) en trastornos psiquiátricos de la infancia, la adolescencia y la edad adulta, sino que se incluyen dentro de un continuo. Además se permite especificar el grado de severidad de un trastorno.

4.            Se desglosa el antiguo apartado de “Trastornos de Ansiedad” en tres (para facilitar el diagnóstico, y también poner de relieve su carácter distintivo y las conexiones entre los trastornos):
a.    “Trastornos de ansiedad”
b.    “Trastorno obsesivo-compulsivo”
c.    “Trastorno por Estrés Postraumático”

5.        Se incluye el “Síndrome de Asperger” en los “Trastornos del Espectro Autista”.

6.            Se definen criterios para “nuevos” trastornos. Es decir, se admite que esas condiciones clínicas requieren un diagnóstico diferencial:
                                              i.     “Trastorno por atracones”
                                            ii.     “Trastorno de acaparamiento”
                                          iii.     “Trastorno del estado de ánimo disruptivo” (en niños)
                                           iv.     “Trastorno de adicción al juego”




Los atracones, la acumulación y el juego, tres trastornos comportamentales que el DSM-5 considera nuevas categorías diagnósticas 


7.         A su vez la transexualidad deja de considerarse un trastorno mental, aunque se mantiene una categoría como la “Disforia de género” que definiría a aquellas personas que no se identifican con su género biológico y ello les produce un malestar significativo.

8.     A su vez, en algunos diagnósticos relevantes, como el “Trastorno Depresivo Mayor” y el “Trastorno Bipolar” se amplían las descripciones o su subtipificación.

La elaboración del nuevo manual ha supuesto seis años de trabajo, habiendo participado 1500 expertos en salud mental de 39 países.

Se me ocurren dos comentarios:

Las clasificaciones en medicina, y por supuesto en psiquiatría tienen su utilidad, especialmente para entendernos entre los profesionales. Recordar que no implican una etiología (causa del trastorno). Y que detrás, o mejor dicho delante de la “etiqueta” está la persona.

Por otra parte, espero que la nueva “herramienta” sea útil y no suponga un mero catálogo con el que justificar posibles tratamientos farmacológicos o de cualquier tipo, no siempre de imperiosa necesidad. Recordemos el principio médico:

Primum non nocere” (*)

(*)   Lo primero, no perjudicar.


domingo, 12 de mayo de 2013

Sobre la MALDAD




Resultan escalofriantes las noticias que han inundado los medios de comunicación durante la pasada semana, acerca del secuestro de tres muchachas en la ciudad de Cleveland en Estados Unidos. Secuestro que se ha prolongado durante una década (diez años, diez largos años) como mínimo para dos de las víctimas y unos doce o trece años para la tercera.
Cleveland, en el estado de Ohio, en la orilla sur del lago Erie.
(No quiero poner una foto de las chicas, ni de su verdugo)
Estas jóvenes ya son adultas, han pasado buena parte de su vida en un régimen carcelario, sufriendo torturas físicas y vejaciones, abusos sexuales y la privación de su libertad, la angustia de creerse irremediablemente perdidas y olvidadas de sus familias, del mundo… Alguien se apoderó de ellas, como si fueran cosas y se las quedó. Simplemente se quedó con sus vidas.

Ahora que están en libertad, cómo recuperarán estas vidas, sus sueños, sus anhelos, la relación con su familia, la relación con el mundo, el amor, la amistad, la sonrisa…  Que ardua tarea para ellas, y para quien les ayude.
Por otra parte, que decir del verdugo. Enfermo malvado o malvado enfermo, o sólo una de las dos cosas. Me molesta la etiqueta de enfermo si sirve para justificar las atrocidades (*)  Que poco sabemos sobre la psicología de la maldad.

“La maldad es una condición negativa, atribuida al ser humano que indica la ausencia de moral, caridad, bondad o afecto natural por el entorno y por quienes le rodean.
Actuar con maldad también implica contravenir deliberadamente usando la astucia, los códigos de conducta moral o comportamiento aceptado como correcto en un grupo social”


(*)  Los pacientes que sufren de un padecimiento psíquico NO presentan conductas violentas o malvadas en mayor medida que las de la población general. Al contrario, tienen mayor probabilidad de ser víctimas. 
Sin embargo, la justificación de las conductas claramente perversas como producto de alguna alteración psíquica, suele representar una lacra para los pacientes psiquiátricos.
Con ello no quiero decir que quien realiza una conducta perversa esté totalmente sano mentalmente. Puede haber sufrido una infancia desdichada, a su vez haber sido víctima de violencia, tener un determinado trastorno de personalidad antisocial grave, pero... No me parece sencilla la explicación. Repito: que poco sabemos sobre la psicología de la maldad. 


DEPRESIÓN (II) Leyendas urbanas


La leyenda urbana es un relato, leyenda o tradición popular e incluso una superstición, que, pese a contener elementos inverosímiles o no contrastados, se presenta como un hecho real, que ha sucedido en la actualidad.
Algunas partes de sucesos reales, pero éstos son exagerados, distorsionados o mezclados con datos ficticios. Circulan a través de la comunicación boca a boca (hoy en día sería más exacto decir ordenador a ordenador, tablet a tablet o móvil a móvil y cualquiera de sus permutaciones). También pueden ser difundidas a través de medios de comunicación.

Internet, el actual difusor de las leyendas urbanas
Alrededor de los trastornos depresivos, también corren conceptos erróneos, que algunos autores llaman mitos. Como “mito” me parece grandilocuente, los he llamado “leyendas urbanas” Lo terrible de esto, es que dificultan que el paciente con depresión solicite ayuda para su trastorno, ya que el mismo o su entorno pueden tener estas concepciones. 

1.    Leyenda:
“La depresión es una forma de debilidad personal”
Sólo la sufren aquellas personas que son débiles, inmaduras, y que no tienen otros problemas. Esto puede ir acompañado en aseveraciones tales como “Yo no creo en la depresión”, “Yo si se sobreponerme a una depresión”.
Realidad:
La depresión es una enfermedad real. Puede afectar a una de cada cuatro personas a lo largo de la vida y esas personas tendrán todo tipo de variables de personalidad. En la historia, sujetos extraordinariamente relevantes han sufrido cuadros depresivos, como Abraham Lincoln y Winston Churchill.
Por último, la OMS en su clasificación de enfermedades reconoce los estados depresivos como tal (de hecho les dedica 19 categorías diagnósticas) en su última revisión CIE-10 (1992).
Lincoln, fotografía tomada durante la Guerra Civil norteamericana.
El presidente padecía de un trastorno depresivo
2.  Leyenda:
“La depresión es un simple estado de la mente”
Basta con que la persona “piense positivamente” para que desaparezca, por tanto si está deprimido es que no se esfuerza en cambiar su ánimo.
 Realidad:
La depresión es una enfermedad real que ocurre en el cerebro.
El paciente depresivo se siente atrapado, poco puede hacer
para modificar su pensamiento
Decirle a alguien que “piense en positivo” para curar su depresión es como pedir a un enfermo con diabetes que se concentre en que su páncreas secrete más insulina para cambiar las concentraciones de azúcar en sangre… Y si no lo consigue, es que no se esfuerza.



3. Leyenda:
“La depresión sucede cuando hay un problema, normalmente sentimental, económico o de salud”.
Es decir, que si alguien no ha sufrido uno de estos reveses, no tiene porqué tener depresión, tiene … tontería.
Realidad:
La depresión puede afectar a las personas al margen de sus circunstancias ambientales y sus problemas.
La tríada “Salud, dinero, amor”, no garantiza la salud psíquica. Repito que la depresión afectará a una de cuatro personas a lo largo de la vida y entre los afectados nos encontraremos con gente adinerada, gente saludable y gente querida.
Aunque es cierto que los problemas ambientales pueden funcionar como factores precipitantes, desencadenantes o mantenedores de los padecimientos psíquicos, ello no implica que sean la causa última de un cuadro depresivo.
La diferencia estriba en que parece más “comprensible” que una persona esté triste o abatida cuando identificamos un problema que a todos nos preocuparía.
Esto no basta





Los acontecimientos de la vida, como los problemas sentimentales
pueden precipitar cuadros depresivos.












4. Leyenda:
“Los medicamentos para tratar la depresión son adictivos,  cambian la personalidad por tanto es mejor no tomar antidepresivos”. 
Realidad:
Los medicamentos antidepresivos no causan adicción, ni por supuesto cambian las personalidad de quien los usa.
Al contrario, al estabilizar el estado anímico del paciente, la persona se reconoce más a si misma. No entorpecen el juicio, ni por supuesto les hacen ver “la vida de color de rosa”. El epíteto “la píldora de la felicidad” no puede atribuirse a un antidepresivo (aunque el término se puso de moda en los medios tras la comercialización de la fluoxetina ó sea el Prozac) (De la utilización de ese adjetivo me gustaría escribir en otra ocasión).
El cerebro inundado de fármacos, que ocupan el lugar de la personalidad. Una leyenda urbana frecuente
5. Leyenda:
“Las personas con enfermedad mental como depresión, pueden ser peligrosas”.
Es frecuente que cuando salta una noticia que implica víctimas de la violencia ejercida por un sujeto, se especule sobre la salud mental de este último. Y con mucha facilidad se utiliza la palabra “depresión”.
 Realidad:
De acuerdo con las investigaciones sobre agresividad,  quienes sufren de enfermedad mental no tienden a ser más violentos que la población general, y mucho menos los pacientes depresivos.
Yo creo que el problema parte en la dificultad que tenemos los humanos para entender la violencia y la maldad, entonces “nos tranquiliza” el pensar que esa violencia es propia de aquel que tiene una enfermedad psíquica, y por tanto el resto estamos libres de ella.
6. Leyenda:  
Las personas con depresión no pueden ocupar puestos de gran responsabilidad o exigencia”
Esta afirmación está claramente relacionada con la leyenda 1. Si se supone que el paciente con depresión es una persona débil, ¿Cómo va a ocupar un puesto de responsabilidad?
Realidad:
Quienes sufren de depresión pueden ocupar –y ocupan- puestos importantes y de responsabilidad ¿He mencionado ya a Lincoln y a Churchill? Y ambos en una época donde no existía tratamientos eficaces frente a la depresión.
Si quien sufre una depresión está debidamente atendido desde el punto de vista médico, el trastorno del ánimo no tiene por qué afectar su desempeño profesional, y su capacidad vital.
Sir Winston Churchill, Primer Ministro de Gran Bretaña durante la II Guerra Mundial
y entre 1951 -1955. Enfermo de un Trastorno Depresivo.