sábado, 31 de enero de 2015

El tercer hombre: el psicópata silencioso


Este diálogo se desarrolla en Viena... 

Recuerda lo que dijo no sé quién: en Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, hubo guerras, matanzas, asesinatos… Pero también Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? ¡El reloj de cuco!”

Harry Lyme (“El tercer hombre”, 1949)


y más concretamente aquí: en la noria del Prater


La popularización de términos psiquiátricos ha llevado a que la palabra psicópata (o psicopatía) sea prácticamente un sinónimo de “asesino en serie”, “asesino violento” o “delincuente sangriento”, quizá por la tendencia a la hipérbole del cine y de la televisión en nuestro días.

Sin embargo, el término psicópata o como ahora se conoce “Trastorno antisocial de la personalidad” remite a otro tipo de personajes, la mayoría de ellos no especialmente violentos, aunque si definidos por su “conducta no ejemplar”.

Dr. Robert Hare
Hay diversos autores, psicólogos y psiquiatras expertos en el espectro antisocial, entre ellos el Dr. Robert Hare, que define como principales características de este tipo de personalidad:

  • Gran capacidad verbal y un encanto superficial.
  • Autoestima exagerada.
  • Constante necesidad de obtener estímulos y tendencia al aburrimiento.
  • Tendencia a mentir de forma patológica.
  • Comportamiento malicioso y manipulador.
  • Carencia de culpa o de cualquier tipo de remordimiento.
  • Afectividad frívola, con una respuesta emocional superficial, relaciones sentimentales de corta duración. Vida sexual promiscua.
  • Carencia de empatía. Crueldad e insensibilidad.
  •  Estilo de vida parasitario.
  •  Actitud impulsiva.
  •  Comportamiento irresponsable.
  •  Incapacidad patológica para aceptar la responsabilidad sobre sus propios actos.



Como el Dr. Hare es investigador en psicología criminal, también ha descrito qué como consecuencia de todo ello existirá una tendencia a la delincuencia incluso desde la edad juvenil, con versatilidad para la acción criminal, y si han recibido castigo penal, serían proclives a la reincidencia.


Sin embargo, muchas de las personas que poseen rasgos de personalidad antisocial (o el kit completo de este diagnóstico) especialmente si están dotados de una buena inteligencia operativa, nunca han acudido a una consulta médica (ya que no lo consideran necesario) y si han delinquido, los suyos son delitos de "guante blanco". 





Mi psicópata “favorito” de ficción es Harry Lime




La película “El tercer hombre” cuyo guión firma Graham Greene (que más tarde convirtió en novela corta) nos sitúa en la Viena de 1947. Y Viena no solo es el escenario del film, sino que es también el paradigma de la destrucción causada en Europa por la II Guerra Mundial.




La ciudad estaba dividida en cuatro zonas, bajo control americano, inglés, francés y soviético; había un centro de control en la Innere Stadt cuya jefatura se turnaban mensualmente las cuatro delegaciones y por la ciudad patrullaban,  día y noche, grupos formados por cuatro soldados, uno de cada país.

A esta Viena en claroscuro entre su majestuosa belleza y la destrucción de la guerra, llega para hacer fortuna un escritor de noveluchas del Oeste, Holly Martins (interpretado por Joseph Cotten) que ha sido invitado por su amigo Harry Lime. A su llegada se encuentra con la sorpresa de que su amigo Harry ha muerto atropellado y conoce a la enamorada de Harry (la actriz Alida Valli), de la cual también se enamora.





Ante la tumba de su amigo conocerá también al Coronel Calloway, que le refiere la verdad sobre Lime:

“Era uno de los peores estafadores que se haya ganado jamás su puerca vida en esta ciudad”

Ya que el negocio de Harry Lime consistía en traficar con penicilina adulterada, jugando así con la vida de seres indefensos.

Durante la primera hora de metraje, centrada en su presunta muerte y en los intentos de su amigo Holly Martins por esclarecer lo que realmente ha pasado, y aunque la investigación va avanzando y nos presenta a personajes que aportan al relato y ayudan a definir al protagonista y “mitificar” al fallecido Lime.

Aparecen personajes inquietantes:
los socios de Harry



hasta el vendedor de globos y un niño con un balón,
son extraños personajes 



Hasta que aparece Harry Lime (inimitable Orson Welles) 

Pocas veces un personaje que aparece tan poco en pantalla ha marcado tanto una película. Orson Welles se adueña de Lime y ofrece una interpretación antológica, tanto en la memorable escena en la que hace acto de presencia, cuando la luz lo ilumina de forma casual y el esboza una cínica sonrisa, como en su forma de modular la actitud del personaje en el diálogo con Martins/Cotten en la mítica secuencia de la noria del Prater. 

En esa sonrisa al saberse descubierto (sin sentirse culpable) y en los argumentos con que Harry Lime explica a Holly Martins sus actos (capacidad verbal, manipulación, conducta maliciosa) queda definido como ningún otro psicópata en la ficción lo que es este trastorno.



El famoso diálogo en la noria





Se trata de una gran película: un gran escritor, un genial actor (sin olvidar a Cotten y a la enigmática Alida Valli), un  espléndido trabajo del director y también del encargado de fotografía Robert Krasker. 

Y qué decir de  la insistente y obsesiva melodía que interpreta el citarista  Anton Karas que refuerza las expresionistas imágenes de la pantalla.





Ella amaba a Harry, aunque fuera un malvado





domingo, 25 de enero de 2015

¿Qué es un Trastorno Bipolar?





Con frecuencia algún paciente me pregunta si puede sufrir un trastorno bipolar o simplemente me dice “igual yo soy bipolar”.

“Bipolar” es uno de esos términos que se ha popularizado tanto que es fácil caer en la banalidad y la generalización excesiva y confundir la propia volubilidad del ser humano con este diagnóstico psiquiátrico.

Ya he comentado que fue Kraepelin quién denominó “locura maníaco-depresiva” a una serie de descripciones realizadas por psiquiatras anteriores (Falret, Baillarger, Kahlbaum) y la distinguió y contrapuso a la “demencia precoz” (esquizofrenia). 

En primer lugar subrayó la unidad de la entidad clínica: se trata de una única enfermedad “en la que hallamos los estados más diversos y aún más opuestos en la apariencia”; en segundo lugar, define la evolución recurrente de los episodios de enfermedad,  en tercer lugar, describe el mejor pronóstico del proceso (al compararlo con el de la demencia precoz) y por último, hace hincapié en la notable carga familiar (antecedentes en la familia) en la locura maníaco depresiva.


Descripción clínica:

                                                                         “La melancolía es la nodriza del frenesí”
                                                           William Shakespeare


Según lo anteriormente expuesto, el trastorno bipolar se caracteriza por:
  • Cambios en el estado anímico (en ambos polos, tristeza y euforia)
  • Que cursa a ciclos, con períodos intercíclicos de normalidad
  • Sin deterioro cognitivo.





Para diagnosticar un Trastorno Bipolar no es válido exclusivamente la recurrencia o repetición de las fases depresivas, la pertenencia al grupo de Trastorno Bipolar viene dada por la presencia de sintomatología maníaca (euforia en grado sumo) en el transcurso de la enfermedad.






Por tanto, como la MANÍA es la fase que define a este trastorno, vamos a describirla:

Ante todo,  una puntualización, la palabra manía en el vocabulario común tiene múltiples significados, pero en el contexto del trastorno bipolar indica alteraciones muy precisas.

  • El síndrome maníaco se caracteriza esencialmente por la exaltación, la desinhibición y el desbordamiento instintivo-afectivo.
  • El humor es expansivo, eufórico, pero pasa fácilmente –ante la menor oposición- a la irritación e incluso a cierta violencia verbal y puede llegar a la agitación: en sentido estricto se trata de un humor extremadamente lábil y volátil.
  • El paciente se percibe a sí mismo con un matiz de exaltación del propio valor y poder que se traducen en una altísima e invulnerable conciencia de sí mismo, que a nivel de conducta pueden traducirse en involucrarse intensamente en temas (desde los más altruistas a los más descabellados) con una prodigalidad ruinosa.
  • Aumenta la sensibilidad frente a los estímulos externos, siendo difícil que el paciente se centre en una sola cosa. Los procesos cognitivos están acelerados, pero por esta volubilidad, los rendimientos son pobres y superficiales (el paciente salta de un tema a otro tanto en una conversación como en un objetivos).
  • Existe una fuga de ideas que se pone de manifiesto tanto en el lenguaje hablado como en el escrito. La asociación de ideas es rápida y superficial, y se establece por estímulos casuales o por asonancias, juegos de palabras, rimas… y en casos graves puede desembocar en la confusión mental.
  • En general, se produce un aumento notable de la actividad motora: presentan una hiperactividad infatigable que puede incluso llevar al agotamiento, y en ocasiones, poner en riesgo la vida del sujeto.
  • Aparentemente el acercamiento a los demás es fácil y directo, con un trato familiar donde abundan los juegos de palabras y las bromas, que en muchos casos serán inadecuadas… por lo que puede llegar a ser excesivamente confianzudo e incluso grosero. Como el paciente no soporta que se le lleve la contraria, puede tornarse irritable y hasta pendenciero. Por tanto, la relación interpersonal –especialmente con su entorno- será complicada.
  • A nivel orgánico se produce una muy marcada disminución de la necesidad de horas de sueño, puede haber hiperfagia (comer en exceso e inadecuadamente) pero también pérdida de peso debido a la hiperactividad o a que este aumento de la actividad le haga olvidarse de comer; puede presentar también hipersexualidad (y debido al estado del (o la) paciente no suele tener en cuenta las complicaciones como embarazos o enfermedades de transmisión sexual).








El cuadro DEPRESIVO es un cuadro en espejo del anterior, oponiéndose al episodio maníaco casi punto por punto:

  • El humor depresivo conlleva un tono de gran tristeza y desesperación, casi siempre inmotivada y desde luego desproporcionada.
  • La pérdida de la capacidad de sentir placer se acompaña de una percepción de “falta de sentimientos” que resulta tormentosa para el paciente.
  • Las sensaciones de insuficiencia se expresa de maneras variadas: ideas negativas sobre sí mismo, el mundo y el futuro, con gran desesperanza.
  • Quejas, ideas de ruina, culpa y autorreproche ocupan el pensamiento del paciente, que se vuelve reiterativo y circular sobre estos temas.
  • El curso del pensamiento se encuentra sumamente enlentecido, con incapacidad para fijar la atención y menoscabo de la memoria, así como una dificultad en la planificación.
  • La mímica está notablemente apagada, con lentitud de movimientos, disminución de los movimientos expresivos. La marcha es dificultosa y parece que el paciente no camine sino que se arrastre. La voz pierde modulación y riqueza musical, el habla será también pausada y enlentecida y se demora la más simple de las respuesta.
  • Por lo general se presenta una falta de atención en los cuidados corporales que pueden dar al sujeto un aspecto lastimoso y de gran enfermedad, que sumado al punto anterior dan una sensación general de envejecimiento.
  • La vida social desaparece, ya que el paciente se repliega en sí mismo, y se elimina casi por completo toda actividad física.
  • Los síntomas físicos más frecuentes son la inhibición del deseo sexual, el insomnio (especialmente penoso en estos casos),  y la pérdida del apetito y con ello la pérdida de peso.





O sea, que me estamos refiriendo a un cuadro depresivo particularmente grave, que sumada a la descripción del cuadro maníaco vemos claramente que NADA TIENE QUE VER un Trastorno Bipolar a las lógicas oscilaciones del humor o estado de ánimo que todos padecemos en nuestra vida.



El Trastorno Bipolar en la cultura:

E. Schikaneder



Por internet corren listas de personajes famosos que sufren esta enfermedad (ya que referí a la actriz Catherine Zeta-Jones en una entrada anterior), y también hablamos de personajes históricos como los reyes Felipe V y Fernando VI, recogidos en el libro del Dr. Vallejo-Nágera “Locos egregios”.

En este volúmen el autor también hace el análisis psicopatológico del músico y escritor Emmanuel Schikaneder, concluyendo que sufría un Trastorno Bipolar.  (Schikaneder es autor del libreto de esa deliciosa locura que es La Flauta Mágica, la música de Mozart, por supuesto)






Dentro del mundo de la literatura son muchos los escritores que han sufrido este trastorno, lo que creo que merece contemplar este fenómeno con mayor detenimiento.


El cine también ha plasmado este trastorno, entre otras películas destacaría:

  • Mr. Jones” (1993) dirigida por Mike Figgins, donde Richard Gere da vida a un paciente con este trastorno. A mi entender, están bien conseguidos algunos detalles de la sintomatología de un trastorno grave, como cuando el protagonista embargado por una profunda alegría irrumpe en el escenario de un concierto. 
  • "El lado bueno de las cosas” (2012) narra la vida de un personaje y su reinserción tras una hospitalización psiquiátrica. Dirigida por David O. Russell, fue candidata al Oscar, pero me parece bastante sobrevalorada.
  • En televisión, el personaje protagonista de la serie “Homeland” una agente de la CIA también sufre un Trastorno Bipolar. Como no la he visto no puedo opinar, pero me parece una situación altamente improbable… aunque en la ficción todo o casi todo vale. 
El Trastorno Bipolar, un incesante subir y bajar por el estado de ánimo




continuará...

¿A quién afecta el Trastorno Bipolar?





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domingo, 18 de enero de 2015

ANSIEDAD a lo largo del mundo




Una de las ideas que flotan en nuestro medio es que nuestra sociedad está enferma (puede) y que nos condiciona la forma de enfermar (también es posible)… pero de ahí no puede desprenderse que las enfermedades que llamamos mentales o los padecimientos psíquicos no hayan estado presentes en otros tiempos y también en otras culturas, diferentes de la nuestra.

Eso sí, es posible que la misma enfermedad, tenga una matices diferentes tanto en la presentación de síntomas, en el comportamiento del paciente, en la comprensión de su entorno frente a dicha enfermedad. En definitiva, la enfermedad mental adquiere distinto significado en relación a la cultura

domingo, 11 de enero de 2015

TRASTORNO BIPOLAR, psiquiatras y disputas, reyes y música




El trastorno bipolar “nació” el miércoles 24 de julio de 1850 
en París

Ese día, Jean Pierre Falret, que era uno de los jefes de servicio de psiquiatría del hospital de la Salpétrière, pronunció la última de las diez lecciones clínicas semanales que el dictaba sobre la asignatura “Sintomatología general de las enfermedades mentales”; el texto de esta lección fue publicado en una revista hospitalaria. Dicho texto contenía doce líneas en las que Falret mencionaba:

“Una forma especial (de enfermedad) que nosotros llamamos circular que se caracteriza por la alternancia de un período de excitación con un período, habitualmente más largo de abatimiento”.

El Dr, Jean Pierre Falret (1794-1870)

Más tarde, el propio Falret corrigió, modificó y extendió el texto de sus lecciones para publicarlo en forma de libro, cuatro años más tarde, en enero de 1854. En lugar de las doce escasas líneas redactó hoja y media acerca de dicha enfermedad. El nuevo texto se iniciaba con las frases:


“La transformación de la manía en melancolía y viceversa ha sido siempre mencionada como un hecho accidental pero, hasta el presente, no se ha tomado en cuenta que existe una categoría de locura en la cual la sucesión de manía y melancolía se manifiesta de manera casi regular. Hemos considerado este hecho de una importancia suficiente como para constituir la base de una forma especial de enfermedad mental que llamamos locura circular porque la evolución de este tipo de locura se desarrolla bajo la forma de un círculo repetido de estados patológicos separados solamente por intervalos racionales de corta duración”.

El hospital de La Salpétrière de París (capilla) 

Entre tanto, un colega de Falret, Jules Baillarger, que dirigía otro de los servicios de psiquiatría del mismo hospital, había pronunciado una conferencia titulada “Nota sobre un género de locura cuyos accesos están caracterizados por dos períodos regulares, uno de depresión y el otro de excitación” y propuso designar el término como “locura de doble forma”. Y así, se desencadenó una disputa interminable, siendo el Dr. Baillarger claramente beligerante.
Dr. Jules Baillarger (1809-1890)


Sin embargo, fue el psiquiatra alemán Emil Kraepelin quien bajo el epígrafe de “psicosis maníaco-depresiva” incluyó en una entidad clínica los cuadros de manía y melancolía, pues vio que ambas tenían rasgos comunes (trastornos del estado de ánimo), que habitualmente se sucedían una a otra (evolución cíclica) y que su pronóstico y evolución eran muy similares (reversibilidad). Esta última condición fue vital para Kraepelin, ya que permitía establecer una diferencia clara y concluyente respecto a las demencias precoces o esquizofrenias.
Dr. Emil Kraepelin (1856-1926)
y su libro sobre "La locura maníaco-depresiva" (1913)





Lógicamente, todo esto no quiere decir que la enfermedad o el trastorno como tal no existieran previamente, o que fueran inventados por estos decimonónicos psiquiatras… De hecho, tenemos constancia de observaciones realizadas anteriormente por otros clínicos, a los que también podríamos atribuir las primeras descripciones del trastorno... pero la historia oficial la atribuye a los psiquiatras franceses. 

  • En la antigüedad, Areteo de Capadocia que en el año 150 a.C. ya había señalado la relación entre ambas fases (de exaltación y de melancolía).

  • Areteo de Capadocia
  • En el siglo XVIII, el médico español Andrés Piquer diagnosticó de maníamelancolía al monarca español Fernando VI, estando muy bien documentada la afección de este rey.  El padre del rey Fernando, el primer monarca borbón español, Felipe V, también padecía un trastorno bipolar.

 
Dr. Andrés Piquer-Arrufat (1711-1772)
y su ilustre paciente, el rey Fernando VI (1713-1759)






En internet he vista algunas listas de personajes históricos que podrían haber sufrido este trastorno. Sin embargo, me interesan aquellos que están bien documentados.


La portada original del libro del Dr.J.A. Vallejo-Nágera
Siendo una joven estudiante de medicina (en el siglo pasado) leí el libro del Dr. Juan Antonio Vallejo-Nágera (*)  de título “Locos egregios” (publicado en 1977) que es un estudio psicobiográfico de varios personajes históricos, sus posibles trastornos mentales y particularidades psicológicas, tratadas con rigor y amenidad.

Veamos que dice este autor acerca de Felipe V (1683-1746):

“… El monarca no quiere levantarse y pasa los días en cama, musitando palabras incomprensibles. La depresión va evolucionando hacia un tipo de cuadro llamado “síndrome de Cotard”. Nada le interesa. En los accesos esporádicos de furia llega a golpear a la reina (a la sazón, la segunda esposa de este rey,  Isabel de Farnesio). Si no se consigue despertar su interés el rey va a morir"

        ...

"La familia de Felipe V" de Louis-Michel van Loo,pintado tres años antes de la muerte del rey.
En el centro de la imagen la reina Isabel de Farnesio, que probablemente era quien gobernaba

"La reina Isabel, desesperada, toma, entre otras, una pintoresca decisión. Envía en 1737 una embajada a Londres para traer de allí a “cualquier precio” (y este se concretará en el astronómico de 3.000 libras de pensión) al “asombro del mundo”… Farinelli (**) emprende viaje y llegado a la corte española, es invitado a cantar desde una estancia contigua a la del rey en un intento de meloterapia… Felipe V abre los ojos, levanta la cabeza y, por primera vez en muchos días, habla”. (Felipe V, vivió nueve años más, durante los cuales, todas las noches en un ritual inamovible, el castrato Farinelli le cantaba las mismas cuatro canciones).”






FARINELLI


Los castrati (castrados) es la denominación que se utiliza para referirse al cantante varón sometido de niño a una castración para conservar su voz aguda (de soprano, mezzo-soprano o contralto). La castración consistía en la destrucción o ablación del tejido testicular, con ello se  conseguía que los niños que ya habían demostrado tener especiales dotes para el canto mantuvieran, de adultos, una tesitura aguda capaz de interpretar voces características de papeles femeninos.

Esta bárbara práctica se inició en Constantinopla durante el Imperio Romano de Oriente (alrededor del 400 d.C.),  cayó en desuso y reapareció y se popularizó en el siglo XVII y especialmente en el XVIII. Finalmente esta atrocidad fue prohibida legalmente en 1861.

Farinelli, retratado por Giaquinto (1753)

Hubieron muchos castrati famosos en su momento, pero quizá sea Carlo Maria Broschi (1705-1782) apodado Farinelli fue el que alcanzó mayor fama… Se le supone una extensión vocal desde La2 hasta Re6 (3,4 octavas). 

Su carrera fue exitosa: Italia, Viena, Londres y la corte española donde vivió casi veinticinco años, y donde gozó de una gran influencia: Farinelli fue nombrado director de teatros en Madrid y Aranjuez, y la mayoría de las obras que montó tenían textos de Pietro Metastasio, colaborando también con Doménico Scarlatti. Se le otorgó el rango de caballero en 1750 y se le condecoró con la Cruz de Calatrava. 

Farinelli utilizó su poder en la corte para persuadir a Fernando VI (sucesor de Felipe V, y también enfermo de trastorno bipolar como ya he mencionado) que estableciera la ópera italiana. Después del ascenso de Carlos III, en 1761 Farinelli se retiró a Bolonia con la fortuna que amasó.

En 1994 el director de cine belga Gérard Corbieu realizó una película sobre la vida de Farinelli (que aunque basada en hechos reales contiene alguna inexactitud histórica). El director musical de la cinta fue el clavecinista francés Christophe Rousset.



El aria es "Lascia chi'o pangia" de la ópera Rinaldo de Händel. 
Una maravilla antidepresiva. 


Como es lógico, en la película la voz no corresponde a un castrato, sino que fué obtenida mediante la mezcla digital de las voces de una soprano (Ewa Malas-Godlewska) y de un contratenor (Derek Lee Rangin), con objeto de recrear lo que sería la auténtica voz de Farinelli. 

No se bien como he llegado de la descripción del trastorno bipolar a Händel, pero quería hablar del poder antidepresivo del arte y en concreto de la música. 





(*) Existe otra obra con este título, escrita en los años cuarenta por el Dr. Antonio Vallejo-Nágera, padre de nuestro autor que en su dedicatoria explica que quiso conservar el título en homenaje a su progenitor. La psicóloga Alejandra Vallejo-Nágera (hija y nieta de los anteriores) también ha escrito un libro sobre psicopatología de personajes históricos “Locos de la historia” (2006), pero este último no lo he leído.