domingo, 20 de septiembre de 2015

Consejos frente a la ansiedad

UNBOXING EMOCIONAL


 
El Pont Neuf de París, totalmente envuelto 
instalación realizada por los artistas el búlgaro Christo y su mujer Jeanne-Claude en 1985 (*)


No conocía el anglicismo “unboxing”, resulta que quiere decir desembalar, que en realidad yo diría desenvolver si se trata de una cosa pequeña o un regalo.

Pues resulta que en la plataforma Youtube,  si escribes este anglicismo, hay más de veinte millones de resultados, si así es, gente que graba vídeos acerca de la apertura de un paquete, y los comparte en la red. El contenido del paquete no tiene que ser algo excepcional, puede ser un pequeño regalo, el juguete sorpresa de un  huevo Kinder o todo el contenido que pone Apple en la caja en que te entregan un iPhone, las diminutas piezas del PlayMobil...  … lo que sea. Siempre he pensado que la curiosidad humana no tiene límites (afortunadamente) pero a veces se utiliza (o desperdicia) en cada cosa… en fin.
Unboxing para adultos...
y para niños



También he leído por aquí (internet) la opinión de algún experto que decía que era una manera de empatizar con el que desempaqueta, y que produce una cierta ilusión, no sé si es una manera de explicar este fenómeno para mi bastante incomprensible, pero el caso es que tanto niños como adultos cada vez visionan más vídeos de unboxing… Y la última novedad es que señoras amas de casa nos muestran el contenido de su cesta (bueno, en realidad bolsas) de la compra.

En el artículo que explicaba esto se mostraban varios ejemplos. Lo que me hace comentarlo es que en una de estas grabaciones una señora (a petición de sus seguidoras/es) explica su experiencia con la ansiedad. Es un vídeo de unos 13 minutos de duración, algo reiterativo en cuanto a lo que explica a pesar de las notas que consulta, pero relatado desde su experiencia propia y que destila todo el sentido común de la gente de la calle.  La señora Encarni nos explica:

  • Cómo sufrió una primera crisis de pánico mientras dormía, en la que el síntoma predominante era la disnea (sensación de ahogo y falta de aire).
  • Qué las crisis de ansiedad pueden tener distintas presentaciones, otras personas sufren taquicardias, mareos y otras sensaciones.
  • Qué la evolución de la enfermedad es variable, hay personas que sufren un ataque y no les vuelve a pasar más, pero que en otros casos se repiten…
  • Qué tras sufrir varios episodios de crisis de ansiedad es fácil creer que no te vas a poner mejor y al padecimiento se le suma la desesperanza.
  • Qué la ansiedad puede venir por cualquier razón, e incluso sin razón aparente (como dice la Sra. Encarni, “en la casa y en la vida siempre pasan cosas”), por lo tanto nadie está completamente libre de factores ambientales.
  • Explica además los consejos que su médico le ha dado:

o   Cumplimentar la medicación que le recetan, las “pastillitas”.
o   Si le aparece el síntoma de sensación de ahogo, evitar hiperventilar (respiración jadeante o entrecortada) sino que intentar respirar acompasadamente por la nariz y sin asustarse.
o   Evitar consumir café, y tampoco bebidas de cola o bebidas gaseosas. Y por supuesto no tomar tóxicos, ni beber alcohol (que además de no combinar bien con la medicación, también incrementa la ansiedad).

Consejos de una persona que padece ansiedad

·       Y esta ama de casa, que sufre un trastorno de ansiedad, también proporciona sus propios consejos:
o   Intentar tener la mente ocupada realizando alguna actividad gratificante… ella ha encontrado la suya en la cosmética.
o   Seguir con las actividades de la casa y centrar la atención en lo que se está haciendo, para distraerse de los problemas.
o   “Despejarse” saliendo y charlando con la gente e interesarse por los otros.
o   Tener una actitud positiva y centrada en que se producirá el alivio y la curación.
o   No permitir ser estigmatizado, es decir, no darle importancia a la opinión que los demás puedan tener sobre lo que nos esté pasando, y sobre todo no caer en el error de estigmatizarnos nosotros mismos.

Pienso que hay gente muy valiente haciendo “unboxing” emocional en internet, explicando sus vivencias con naturalidad y normalidad. Seguro que a muchos ayuda. 


(*) ... y empaquetado artístico 

Los artistas empaquetadores en el Pont Neuf
La pareja de artistas Christo y Jeanne-Claude (formada por el búlgaro Christo Jabacheff y la franco-marroquí nacionalizada estadounidense Jeanne-Claude Denat) eran un matrimonio  que realizaban grandes  instalaciones artísticas ambientales.  
Sus montajes, similares al Land Art, se caracterizaban por utilizar telas para envolver gigantescos edificios y cubrir grandes extensiones de áreas publicas. 
En 1985, cubrieron el Pont Neuf de París, tras nueve años de negociaciones con el que entonces era alcalde de París, Jacques Chirac. Precisaron cuarenta mil metros cuadrados de tela poliamida de color arena, con la que cubrieron el puente y sus farolas. El proyecto finalizó el 22 de septiembre de 1985 y en las siguientes dos semanas visitaron la obra más de tres millones de personas.
El edificio del Parlamento Reichstag, perfectamente empaquetado

Entre sus espectaculares obras figura el "forrado" del  edificio del Reichstag en Berlín, llevado a cabo en 1995, o el proyecto "Umbrellas" hecho en Japón y Estados Unidos, simultaneamente. 
En 2009 falleció Jeanne-Claude, aunque Christo mantiene varios proyectos, entre ellos el llamado la "Mastaba", consistente en una estructura trapezoidal realizada con 400.000 barriles de petróleo, que se ejecutaría en Abu Dhabi. De llevarse a cabo, sería la única obra duradera de los artistas. 
l



domingo, 13 de septiembre de 2015

Mirando al Sudeste (el oficio del psiquiatra)




-¿Podré ayudar a esta persona?

Creo que es la pregunta fundamental que todo médico debe plantearse ante un paciente. Y todavía más si eres psiquiatra.

Porque en el ejercicio de la psiquiatría, decidimos lo que es “normal” y “patológico” de la conducta de esa persona. Y la frontera entre normal y patológico no siempre es clara, no siempre es categórica, no siempre es un valor absoluto, sino que es algo que se difumina en una extensa gama de grises con sus matices, con sus luces y sus sombras.

Los grises de la vida

Tampoco quiero decir con ello, que la práctica psiquiátrica sea arbitraria y el especialista decida “al buen tuntún”. Un buen psiquiatra debe basarse en cuatro pilares: obtener información, tener formación, hacer un análisis pormenorizado del caso y realizar la toma de decisiones.

Para obtener la información, debe escuchar al paciente, hacer las preguntas adecuadas, intentar obtener datos del enfermo, de su familia, de su medio. No me refiero a fríos datos objetivos, sino a entrever mas de esa persona ¿cómo era?, ¿cómo es ahora?, ¿que anhelos tiene o tenía?

La formación es imprescindible y ha de alcanzar un alta nivel de excelencia, y no hablo de una visión académica y “polvorienta” de su materia, sino en una constante puesta al día, que incluya el conocimiento al dedillo de la psicología, la psicopatología, la psiquiatría y sus tratamientos, tanto biológicos como psicoterapéuticos. Sin olvidar, una buena base en medicina ya que -recordemos- el psiquiatra ante todo es médico. Por una parte, muchos cuadros de padecimiento psíquico pueden tener una causa física… y a la inversa, muchos cuadros psiquiátricos se presentarán con una pléyade de síntomas físicos inexplicables en razón de una lesión que los justifique.

Con los datos del paciente y el conocimiento de que disponga el psiquiatra debe analizar el caso. Aquí entra el “ars médica”, ya que no se trata de comparar los síntomas que sufra la persona con un manual, sino establecer una hipótesis diagnóstica que se habrá de comprobar, mediante exploraciones complementarias, si se precisan, y a través de la evolución del caso.

Y por último, la toma de decisiones y aquí llegamos a otros interrogantes:

-¿Cuál es la mejor manera de ayudar a este paciente?
“Primum non nocere”, primero no perjudicar, esto es indiscutible.
Y a partir de aquí valorar el objetivo del tratamiento, que efectos adversos puede presentar, en cuanto tiempo, y demás cuestiones técnicas.

Sin embargo, cuando nos planteemos el objetivo del tratamiento, surgirá una nueva pregunta:

-¿Qué espera el paciente de mí?
 A priori siempre pensamos que el paciente desea la curación, aunque no siempre es así en psiquiatría (un paciente con un cuadro maníaco no querrá que le saquemos de ese estado de euforia, aunque sea nociva para él)… En otros casos la curación (desaparición de la enfermedad) no será posible, no obstante seremos capaces de aliviarle, de que lleve una vida normalizada. Y en otros casos, sabemos que el paciente conoce nuestra limitación, pero espera el alivio, el consuelo, el acompañamiento.
"El doctor" del pintor victoriano Luke Fildes  (*)


El paciente también espera (y tiene derecho) a un diagnóstico. Pero el diagnóstico en psiquiatría es temido, por el estigma que ello supone y también por la brumosa información que se tiene de los mismos. 

De ahí que la cuestión diagnóstica nos abra una nueva e inquietante pregunta:


¿Qué derecho tengo yo a colgarle una etiqueta a esta persona?

O dicho de otra manera ¿tan seguro estoy de mis conocimientos para designarle con un diagnóstico u otro,  cual botánico del siglo XVIII a especies vegetales?



Láminas de la  Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada,
  realizados entre 1783 y 1816 por el científico José Celestino Mutis y su equipo en la actual República de Colombia
(Museo del Real Jardín Botánico de Madrid)



¿Qué psiquiatra no se ha hecho esta última pregunta en alguna ocasión? La respuesta requiere reflexión, honradez y respeto hacia sus pacientes. 



Y esta duda sobre la firmeza del conocimiento en psiquiatría, se reconoce, aunque poéticamente reflejada, en dos películas: la argentina “Hombre mirando hacia el sudeste” (1986) cuyo guión y dirección es de Eliseo Subiela, y la producción norteamericana “K-Pax” dirigida por Ian Softley en 2001, que parece un calco de la anterior (aunque supuestamente está basada en una novela de Gene Brewer (hubo una denuncia por plagio del guión aunque posteriormente se retiró; no obstante como la novela de Brewer fue publicada en 1995 mi opinión es que no está “libre de sospecha”). Por eso me referiré a la primera.



Los actores de esta son mucho más conocidos,
pero la película de Subiela es mejor


 “Hombre mirando hacia el sudeste” tiene un argumento ingenioso: un nuevo paciente llega a un sanatorio mental (la película se rodó en un escenario real, el “Hospital Neuropsiquiátrico José Tiburcio Borda”, de Buenos Aires, y muchos internos actuaron como extras). El hombre dice llamarse Rantes, y aparece en escena por primera vez tocando el órgano  en la capilla del centro. Interpreta con soltura el “Preludio y fuga en G menor, BWV 535”  de Bach mientras varios internos le escuchan atentamente.  

Jardín de un psiquiátrico en Buenos Aires


Rantes le propone al que será su psiquiatra, el Dr. Julio Denis, una pregunta que anticipa el enigma:

“-¿Dónde radica la magia de la música?, ¿en la maquinaria del instrumento?; ¿en el ingenio del que compuso la partitura?; ¿en el virtuosismo del músico que ejecuta la pieza? ¿o tal vez en aquellos que escuchan la interpretación absortos y maravillados?..."

Rantes asegura provenir de una civilización extraterrestre, ser un holograma avanzado de un habitante de una lejanísima galaxia. ¿Verdad que parece el delirio que muchos pacientes psicóticos podrían plantear en una sala de urgencias?

El Dr. Denis y Rantes


El Dr. Denis está sumido en una profunda crisis personal, divorciado padre de dos hijos, aficionado a tocar el saxofón, es un personaje abrumado por la soledad y por las dudas acerca de la utilidad de su profesión. Primero cree que el tal Rantes es un simulador que quiere esconderse en la institución. Sin embargo, la conducta del “extraterrestre”,  que permanece inmóvil en el patio, con la mirada fija en dirección sudeste, ascético,  aislado y absorto en lo que ocurre en algún punto muy lejano (o tal vez en su interior) le va intrigando cada vez más.

El psiquiatra le somete a pruebas para intentar llegar a un diagnóstico de trastorno delirante, y le prescribe medicación antipsicótica (que Rantes simula tomar, ya que esconde las pastillas  en el bolsillo de su pijama).  Todas las pruebas físicas son normales, y además los test de inteligencia descubren que tiene el cociente de un genio. El Dr. Denis es consciente de que Rantes no se toma la medicación, sin embargo, ante lo inofensivo del caso, decide no emplear el tratamiento antipsicótico por vía parenteral., e incluso, le permite trabajar como ayudante en el laboratorio de patología.

Poco a poco el extraño paciente va monopolizando la atención del médico, que conociendo su inteligencia y habilidades trata de averiguar de quien se trata en realidad: ¿un físico, un matemático, un escritor?

Rantes en el patio,mirando al sudeste y rodeado de internos


Rantes insiste en su procedencia extraterrestre, y que al ser una imagen perfecta proyectada desde el espacio, no tiene capacidad de sentir ya que solo almacena información. Con su actitud, el Dr. Denis no es el único en interesarse, ya que el resto de pacientes le siguen -como a un nuevo profeta- a todas partes… creen que puede obrar milagros. Rantes es compasivo con todos y conforta a los que sufren, y a la vez se comporta con la ingenuidad de un niño, pero un niño sabio. 

La influencia de Rantes sobre los demás internos del psiquiátrico, su órdago a la ortodoxia terapéutica, su genialidad y enorme bondad, colocan al Dr. Denis entre la espada y la pared.

La película tiene un final trágico, de vuelta a la realidad… Pero da que pensar, y mucho.



(*) El cuadro de "El doctor" sirve de cabecera a un blog que recomiendo. 

domingo, 6 de septiembre de 2015

Para reducir el estrés laboral...

¡Alerta mensaje!


Imaginemos a una persona del siglo XIX que quisiera comunicarse con alguien. Con toda parsimonia (o con toda la prisa de que fuera capaz), buscaba su recado de escribir, se proveía de papel, comprobaba si la tinta estaba suficientemente líquida, elegía un plumín y empezaba a redactar una carta, que en muchas ocasiones acabaría arrugada dentro de una papelera, ya que a nuestro protagonista no le satisfizo como había compuesto el texto. Escribir a mano significa meditar, trazar los símbolos, volver a leer, posiblemente tachar y escribir de nuevo. Todo este ritual conlleva pensar y especialmente medir aquello que se quiere decir.

Además nada  sabemos acerca de lo que escribe este decimonónico personaje: puede ser una carta de amor, una nota de agradecimiento a la anfitriona de la fiesta a la que asistió la noche anterior, una orden a su agente comercial, una nota informativa para un empleado… Solo el destinatario, cuyo nombre figurará en sobre cerrado, leerá el contenido.



¿Cuánto tiempo hace que no escribimos una carta? Ni siquiera una postal o un Christmas navideño. Claro, vivimos en el siglo veintiuno. Escribimos un whatsapp… Eso en el ámbito privado, en el profesional, escribimos correos electrónicos (e-mail), y también whatsapps que compartimos con el grupo al que le interesa (o no) una tarea concreta.












Otro día hablaremos de esa pequeña tortura tintineante que es la mensajería instantánea. Quiero referirme a los correos electrónicos. Qué duda cabe de su utilidad en el ámbito profesional, pero también son una importante fuente de estrés laboral, ya que muchas veces su uso es bastante ilógico y compulsivo.

-¿Cuántas veces al día consultas el correo electrónico?

Lo he preguntado a muchos pacientes que se encontraban estresados por su trabajo y las respuestas son “alarmantes”, valgan varios ejemplos:

Ejemplo 1 

·       -Cada vez que suena la alerta de que ha llegado un nuevo correo.
-¿Cuántos correos puedes recibir al día?
- Unos ciento cincuenta o doscientos…


Ejemplo 2 

·       -He desactivado la alerta porque me inquieta… Lo miro cuando yo quiero.
-¿Y eso significa que lo haces una o dos veces al día?
-No, con más frecuencia…
-¿Cuál, una o dos veces a la hora?
-No, unas diez o veinte veces a la hora.


Ejemplo 3 

·       -A la vuelta de una semana de vacaciones tenía tres mil setecientos quince correos por leer de mi trabajo.
-¿Pero todos tenían que ver con tus tareas?
-No, la mayoría no… Ahora que lo pienso, muchos eran correos entre otras personas y que me informaban con copia. Que me atañeran a mí, solo unos quince o veinte.
-O sea que has tenido que desbrozar el grano de la paja…
-Sí, me ha llevado buena parte de mis dos primeros días de trabajo, ponerme al día de lo que había… total y casi nada era importante.

Sin ánimo de generalizar, para muchas personas el correo electrónico supone una pérdida de tiempo y de productividad, además de generar el estrés adicional que supone estar trabajando con una alerta permanente que en lugar de ayudar a centrarnos en nuestra tarea actual, desenfoca nuestra atención hacia otros temas… y eso de forma casi constante.

Se me acaba de ocurrir un ejemplo absurdo, aunque creo que esclarecedor. Imaginemos un portero de fútbol, que debe estar atento a los lances del partido para intervenir cuando sea preciso. Pues este jugador (y también los del campo) van recibiendo alertas con información de lo que sucede en este partido (¡¡¡pero si ya lo estoy viendo!!!) y también de lo que va pasando en otros encuentros que se juegan a lo largo de todo el país (¡¡¡y ahora que me importa que en El Molinón esté lloviendo!!!). De acuerdo, esto es muy absurdo, pero ¿alguien puede trabajar si continuamente está recibiendo cartitas (aunque sean electrónicas)?



Resumiendo, los correos electrónicos generan estrés por:

1. Volumen excesivo: Se estima que alrededor del 50% (si no más) de los mails recibidos son superfluos para el destinatario, es decir no sólo que no le ayudan nada sino que le distraen.

2. Constante interrupción: Ya hemos constatado que para muchas personas averiguar el contenido de los mensajes es una atracción irresistible y les distrae continuamente de las tareas que tienen entre manos.

3. Distorsión las relaciones y de la comunicación: 

o   ¿Cuántas veces preferimos escribir un e-mail para evitar conversaciones que pueden ser problemáticas? Con el correo electrónico nos parece que eludimos el conflicto, pero no siempre es así, sino que puede tener un efecto contrario y encrespar más los ánimos.
o   Y ¿cuántas veces enviamos un correo electrónico, y además con copia a los cuatro vientos, a una persona que tiene su mesa de trabajo a tres metros de la nuestra? Una corta conversación puede ser más eficaz que un largo correo.
o   Una efecto desagradable del correo electrónico, es que el destinatario tiene la sensación de que le han “pasado” un problema y debe responder con toda prontitud. A veces esto se debe a la impaciencia del emisor y a veces al propio agobio del receptor.
o   Contenidos poco claros: La rapidez con la que se redactan los correos electrónicos es prácticamente incompatible con la ortografía (esto puede ser secundario aunque a muchos nos moleste) pero sobre todo es incompatible con la precisión del pensamiento.
o   También en gran número de ocasiones se asume, erróneamente, que el destinatario tiene la misma información que nosotros… y puede que no sea así. Con lo que se producirá una cascada de respuestas para puntualizar y aclarar conceptos. Como antes he dicho una conversación es mucho más efectiva.
o  El correo electrónico es el vehículo perfecto para aquellas personas puntillosas: “te lo dije en mi correo del 27 de abril”, o que tienen a enviar copias a todo el mundo “para evitar malentendidos”. Este pormenor que puede tener cierto sentido, llevado al extremo hará que nuestras “bandejas de entrada” estén repletas de información irrelevante o que no nos atañe.
o   También es posible que los correos electrónicos sean escritos en un momento de enfado o frustración, y en lugar de transmitir información, lo que se transmite es un clima de hostilidad, aunque no fuera esa la intención inicial del remitente. Esto enlazaría con el apartado anterior.

¿Soluciones? No, en absoluto, ya que dependerán de las circunstancias del trabajo, de las características del sujeto (si es impaciente, indiferente, agobiado, etc…) y evidentemente de la presión ambiental.




  •  Primero, analicemos cuál es nuestra relación con ese cartero que “llama más de dos veces”.
  • Determinemos cuál es la frecuencia idónea para consultar el correo, siendo realistas… Seguro que tenemos mucho más trabajo que el de leer el e-mail.  Como consejo adicional, desactivar la alerta de nuevo mensaje. Todo esto encontrándote en tu horario laboral.Fuera del horario, la lectura del correo electrónico debe ser TOTALMENTE EXCEPCIONAL. En muchas empresas, al estar ubicadas sus delegaciones en distintos puntos del planeta, tienen un flujo constante de comunicación y se pueden recibir e-mails a cualquier hora del día o de la noche… Nadie puede estar trabajando y alerta las 24 horas del día.
  • Jerarquiza lo recibido, al menos en cuatro grupos:

o   Atención inmediata y es precisa la ejecución y/o respuesta sin demora.
o   Aquello que se solucionaría rápidamente con una respuesta verbal. Descuelga el teléfono y habla con la persona… o desplázate hasta su puesto de trabajo.
o   No es precisa la ejecución inmediata, pero es una tarea importante. Pasar a una lista viva de “pendientes”.
o   Irrelevante o innecesario: eliminar.

·    Siendo emisor de un correo electrónico: sintetiza el contenido en el “Asunto”, intenta redactar correctamente, por párrafos claros y concisos, envía copia a quien deba estar enterado (no a media Humanidad), y relee antes de enviarlo.


Son muchos los beneficios de recudir el estrés laboral: tanto desde el punto de vista de productividad y ambiente de trabajo, como desde la perspectiva del bienestar psíquico, ya que disminuye la ansiedad y mejora el estado de ánimo, con el consecuente beneficio para la salud general.