domingo, 28 de diciembre de 2014

El pánico escénico


Los actores que representaron en Barcelona "La ratonera" de Agatha Christie (*)


 PÁNICO EN LA ESCENA

Días atrás hemos oído hablar de un fenómeno el “pánico escénico” cuyo nombre casi nos recuerda al título de una novela de Agatha Christie. Pero en realidad ¿de qué hablamos?

Se conoce como pánico escénico a la percepción de síntomas de ansiedad en forma de crisis, cuando la persona que lo sufre se halla en una situación muy concreta: la que corresponde a hacer una exposición o  intervención en público. No tiene que ser necesariamente en un escenario, también puede ser un acontecimiento deportivo, participar en un acto jurídico, una presentación laboral o académica… es decir aquellas situaciones en las que somos el centro de atención de un grupo.  

La aterradora visión de observar al público aguardando la representación




¿Qué síntomas pueden presentarse? Pues como hablamos de crisis de ansiedad, prácticamente iguales a los que ya describí al hablar de las crisis de pánico:

·       Síntomas fisiológicos o vegetativos:
o   Taquicardias, palpitaciones o sensaciones de alteración del ritmo cardíaco.
o   Sudoración.
o   Sequedad de boca, que puede combinarse con una percepción de  cierre de la laringe, con dificultad o imposibilidad para articular palabra.
o  Rubor facial (vamos lo que de forma coloquial se conoce por “ponerse colorado”).
o   Dilatación de las pupilas.
o   Escalofríos.
o   Cefalea
o Molestias digestivas que incluyen la desagradable sensación de náuseas, con el temor a que se produzca el vómito.
o Urgencia miccional, y la incomodidad asociada a la misma, máxime estando en público.

Un aterrado pianista (el actor Elijah Wood en la película Grand Piano)
  
·       Síntomas cognitivos (de pensamiento):
o   Autoexigencia extrema.
o   Incremento de la atención focalizada en uno mismo.
o   Percepción exagerada del fallo o del error.
o   Falta de concentración.
o   Expectativa negativa ante la ejecución.
o   Temor al fracaso, al ridículo o al rechazo.

La presentación de estos síntomas dará paso a una conducta poco eficaz frente al hecho de estar en público, como tartamudeo, farfulleo o atropellamiento verbal, o voz inaudible, silencios largos o frecuentes durante la charla o la actuación.  Para quien está sufriendo estos síntomas, la inevitable percepción de los mismos, especialmente de aquellos que le parezcan que son visibles para los interlocutores o el público (como el temblor, el sonrojarse, el discurso ineficaz) actuará como mantenedor e incluso magnificador de este cuadro de ansiedad.



Si todos lo dicho anteriormente se presente en grado intenso, aquel que lo experimentase puede llegar a percibir una desagradabilísima experiencia de pérdida de control, llevándole incluso a un grado de desconexión ambiental.

Incluso personajes del mundo del espectáculo pueden sufrir pánico escénico


Otro de los riesgos del “pánico escénico” es que consecuentemente se produzca ansiedad anticipatoria frente a esta circunstancia (temor de que se vuelva a presentar en una situación similar) y por tanto se elude la misma. El hecho de evitar la situación tiene distinta importancia si se trata de una persona que tiene que hablar en público muy ocasionalmente o alguien cuyo oficio se desarrolla frente al público.

El pánico escénico puede ser tal que el afectado puede huir de la situación




Esto es, si nos referimos a personas cuya profesión está relacionada con las artes escénicas o del mundo del espectáculo (actores y actrices, bailarines, cantantes, músicos… y en esta categoría también podríamos incluir a determinados deportistas) los efectos de haber experimentado tal pánico escénico en alguna ocasión puede ser devastadores.

Realmente las personas que trabajan en la escena se someten diariamente a una especie de prueba. Recordemos nuestra época de estudiantes: los nervios que nos invadían ante un examen… y como esta inquietud condicionaba el rendimiento (de hecho el mal rendimiento) de esa prueba.

En líneas generales, se necesita un cierto grado de alerta (activación/motivación) para rendir bien, pero el rendimiento en un examen era mucho peor cuanto mayor era el nerviosismo. Este es un fenómeno bien conocido en psicología que se denomina “Ley de Yerkes Dodson”:

A mayor activación/motivación/estrés también hay mayor rendimiento
hasta un punto en que se invierte esta proporción


Asimismo, como el ser humano es un ser pensante, a veces paga un precio por dicha cualidad. Me explico, cuantas veces el propio pensamiento se comporta como un “enemigo”… nuestra voz interior nos alerta de lo que puede ir mal y ello nos va incrementando la inquietud y la tensión: “esto no sé cómo va a quedar“, “que vergüenza pasaré si no sale bien”, “no quiero defraudar a los que han venido a verme”… son mensajes que podemos recibir de nuestro propio cerebro.


"Quién quiere escucharme"


También he mencionado la importancia que tiene en la génesis de este fenómeno el incremento de la atención focalizada en uno mismo. Esto es, si uno se está fijando en lo que hace (de forma excesiva) puede provocar una cierta disrupción en aquello que está ejecutando. Como ejemplo, cuando estamos montando en bicicleta es bueno que nos fijemos por donde vamos, claro que sí, pero cuando miramos obsesivamente la piedra o el obstáculo que sea, lo más probable es que en lugar de eludirlo nos topemos con él. Esto traducido a una actividad escénica sería lo que puede ocurrir cuando en lugar de “automatizar” la acción uno “se fija” en lo que está diciendo, cantando, haciendo o ejecutando, entonces es más fácil perder el hilo y equivocarse.

"Que pequeño me siento"

Pues bien, a propósito del pánico escénico que parecen haber sufrido personas del mundo del espectáculo en la prensa se ha hablado bastante del mismo y también he visto publicados “decálogos”, “heptálogos” y “pentálogos” para combatirlo. Muchos de estos consejos son de sentido común, aunque en general lo que he visto es que son generalizaciones que no sirven a todo el mundo ¿por qué?:

  • Los factores de personalidad. Las personas con tendencia a la introversión –por estadística la mitad de la población- pueden sentirse  incómodos cuando son el centro de atención, por lo tanto parten de una basal de ansiedad en situaciones sociales superior a la de aquellas personas que son extravertidas.
  • Las experiencias previas. Aquellos que hayan vivido experiencias negativas (no quiero decir que lo hayan hecho mal, sino que se hayan puesto nerviosos hablando en público) pueden haber condicionado esta situación como negativa.
  • El momento personal. El estado de ánimo que tengamos en ese momento, puede hacer que nos sintamos más seguros o inseguros en la situación.
  • La seguridad y confianza en lo que se debe ejecutar. Todos hemos vivido esto, por muy nerviosos que estuviéramos en un examen, si nos sentíamos bien preparados, lo afrontábamos con mucha menos aprensión. Ante el público, si se está satisfecho del trabajo a realizar, se ha ensayado lo suficiente y se domina el tema, esta confianza actúa como un bálsamo frente a la ansiedad.
  • La necesidad de aprobación: este también es un factor de personalidad. Hay personas con una gran necesidad de aprobación (todos la tenemos, pensemos que somos primates y somos animales sociales), pero este rasgo puede ser muy marcado en uno sujetos.
  • La expectativa, es decir aquello que uno espera del público. Si el que actúa no percibe una rápida aceptación en el público (sintonía, o como queramos llamarlo) puede preocuparse y disminuir la confianza en lo que está ejecutando.
  • La novedad y la profesionalidad. Evidentemente, aquél que trabaja para el público tiene un adiestramiento en estas situaciones muy superior que el que lo hace ocasionalmente.

 
Del miedo escénico al placer escénico

Aun así, me atrevo a decir que la clave para superar el pánico escénico estriba en la preparación, la autoconfianza y disfrutar realmente de lo que se hace… es decir el paso del miedo escénico al placer escénico. Como debería ser para todos los trabajos ¿o no?.




 La Ratonera

The mousetrap (La ratonera) es una obra de teatro  de género policíaco escrita por Agatha Christie (la acción se desarrolla en una casa de huéspedes típicamente inglesa, Monkswell Manor y está ambientada en los años 40).  

Se estrenó en octubre de 1952 en el teatro Nottingham de Londres, aunque a finales de noviembre pasó a representarse en el New Ambassadors, hasta el 23 de marzo de 1974 que se transfirió al Saint Martin`s Theatre, lleva sesenta años en cartel, y obviamente los actores han ido cambiando, a excepción de la retransmisión radiofónica que se oye en la obra, que se ha mantenido durante los 60 años de representación, con la voz del actor Deryck Guyler. 

El 18 de noviembre de 2012 fue la representación 25.000, que contó con un elenco de gala encabezado por Patrick Stewart. 

Los actores de La Ratonera en su representación veinticinco mil



sábado, 13 de diciembre de 2014

De nuevo FELIZ NAVIDAD

Mercadillo navideño en Viena





Pues sí, de nuevo estamos a mediados de Diciembre… Ya han encendido las luces en las calles, los grandes comercios abren los domingos, el tráfico se ha vuelto imposible en los últimos días, por la televisión anuncian perfumes, turrones y ofertas del supermercado, y en lugar de recibir las postales (Christmas) de mi infancia, recibimos a través del whatsApp buenos deseos, dibujitos con abetos, bolas y mini-Noels (emoticonos, vaya nombre).





Bien, como no quiero que me invada la nostalgia del pasado año, me he dicho: “Voy a escribir sobre películas navideñas”, y me he puesto a rebuscar en mi memoria. A ver qué encuentro.










¡Qué bello es vivir! (It’s a wonderful life”, 1946)


Títulos de crédito de "¡Qué bello es vivir!" en glorioso blanco y negro

Vaya, pues lo primero que he encontrado es muy nostálgico. Se trata de “¡Qué bello es vivir!” que a lo largo de mi vida he vista en televisión decenas y decenas de veces (no en vano es la película que más se ha emitido en las cadenas televisivas de todo el mundo durante las fechas navideñas… ahora creo que ya no la pasan).

Frank Capra

La dirigió Frank Capra y James Stewart y Donna Reed fueron son protagonistas. Está basada en un cuento corto escrito por Phillip van Doren Stern, un escritor e historiador norteamericano especialista en la Guerra Civil, y que se publicó en 1943 en un par de revistas que lo incluyeron en su número de diciembre como relato navideño. Por casualidad, una de éstas cayó en manos de David Hempstead, productor de RKO Pictures y se compraron los derechos de la obrita por diez mil dólares. Después de que varios guionistas trabajaran en su adaptación sin demasiado éxito, la RKO vendió los derechos de la historia –por la misma cifra- en 1945 a la compañía Liberty Films, propiedad de Frank Capra, que adaptó la historia y la filmó al año siguiente.




El argumento trata de Clarence, un ángel de segunda clase, que tiene que hacer méritos para ganarse sus alas. Como última oportunidad es enviado a la Tierra, concretamente al pueblo de Bedford Falls en el estado de Nueva York. 


Bedford Falls

Clarence tiene una misión muy concreta, evitar el suicidio de un hombre desesperado, George Bailey, que es propietario de una empresa de préstamos y que está a punto de quebrar debido a la desaparición de un dinero (concretamente ocho mil dólares… recordemos que estamos en 1946). El culpable de la situación de Bailey es Mr. Potter un especulador que posee prácticamente toda la ciudad. 

George Bailey desesperado

George Bailey había soñado toda su vida dejar el mísero pueblo en que había nacido, estudiar una carrera universitaria y viajar por todo el mundo. Pero una serie de infortunios, el destino, y el hecho de que siempre estuvo dispuesto a hacer lo que era correcto le habían impedido llevar a cabo sus sueños. Cuando está a punto de lanzarse al río, ve como un anciano cae al agua, y una vez más olvida todos sus problemas y acude a salvar al pobre anciano, y mientras éste se seca las ropas mojadas, el viejo le dice que se llama Clarence y que es su ángel de la guarda. 

Angel rescatado y suicida rescatador

George no le cree, pero en la conversación le dice que desearía no haber nacido, Clarence se lo concede, y cuando regresan al pueblo, todo ha cambiado… George Bailey tiene la oportunidad de contemplar como hubiera sido la vida en su pueblo en el caso de no haber nacido… lo cual le hace recapacitar y pedir de nuevo su vida, a pesar que cree que irá a la cárcel por desfalco. Naturalmente, cuando regresa a casa la situación se ha trastocado en un final feliz, y unas campanillas nos anuncian que Clarence ha obtenido por fin sus alas.

Final feliz


Esta película es una fábula, un cuento en tono alentador y optimista característica del cine de Frank Capra, quien tras la Gran Depresión en los Estados Unidos se especializó en películas con mensajes sociales que abordaban los problemas cotidianos del ciudadano medio enfocados desde una óptica confiada y esperanzadora.

"¡Qué Bello Es Vivir!" aborda el asunto del heroísmo de la gente anónima, esa gente que lucha día a día por mantener a sus familias y procurar un bienestar a la gente que les rodea despreocupados del propio egoísmo material. Recuerdo sobre todo la primera vez que la vi, no sé qué edad tenía, pero debía ser pequeña porque también recuerdo que mi padre me fue explicando los “flashbacks” que no entendía, y al final me habló de que si me daba cuenta de que todas las personas eran importantes y de cómo influimos todos en la vida de todos. En mi ingenuidad infantil lo creí… en mi ingenuidad de adulto, lo sigo creyendo.




Feliz Navidad, Mr. Lawrence 
(“Merry Crhistmas, Mr. Lawrence)


Carteles británico y japonés de la película






















Es una producción británico-japonesa del año 1983. Fue dirigida por Nagisha Oshima, y sus protagonistas fueron David Bowie, Ryuichi Sakamoto y Tom Conti. La banda sonora, que compuso Sakamoto, se hizo bastante famosa en su día, y ganó el premio BAFTA a la Mejor B.S.O. del año.

En realidad esta película es un drama bélico, ambientada en un campo de prisioneros japonés durante la II Guerra Mundial. El título alude a como transcurrió una Nochebuena en el campo.
El pasado de Jack Celliers
Ante todo el honor para el Capitán Yonoi
Los soldados británicos no comprenden al coronel Lawrence


La guerra ha acabado. Uno de sus carceleros será ajusticiado.
 Lawrence se despide de él

Esta película me gustó porque trata el tema de la culpa (el Mayor neozelandés Jack Celliers vive atormentado por haber traicionado a su hermano en la adolescencia), del honor (representado por el comandante del campo, el Capitán Yonoi) y sobre todo el respeto hacia los valores del enemigo (papel que representa el Teniente coronel Jack Lawrence) que intenta explicar a sus compañeros la forma de pensar de los japoneses, aunque los soldados británicos casi le consideren un traidor.









“Love actually”


El archiconocido cartel de la película


Esta es una comedia romántica de 2003, dirigida por Richard Curtis, que creo que hemos visto todos, todos y todos.

La acción transcurre en Londres a lo largo de cinco semanas antes de Navidad. Son nueve historias de amor entrelazadas (más un personaje solitario que protagoniza el inefable Rowan Atkinson aka Mr. Bean) con un final feliz para la mayoría.

La historia que quiero destacar es la de Sarah (la magnífica actriz Laura Linney le da vida), Karl y Michael. Sarah trabaja en una empresa de diseño gráfico y hace años que está “secretamente” enamorada de Karl, el director creativo de la compañía. Sarah está constantemente respondiendo a las llamadas telefónicas de su hermano Michael, ingresado en una institución mental. 

Sarah y Karl, casi se consuma esta historia de amor

Durante la fiesta de Navidad de la empresa por fin se propicia un encuentro entre Sarah y Karl… que naturalmente es interrumpido por las llamadas de Michael. También vemos en otra escena que Michael pierde los nervios y víctima de su delirio intenta agredir a Sarah. Sin embargo, Sarah pasa la Nochebuena con su hermano en el hospital, le regala una bufanda que coloca alrededor de su cuello y ambos se abrazan… Realmente amor.

Sarah y su hermano Michael, realmente amor




Amor en cualquier formato: romántico, fraternal, filial, maternal o paternal, de tus amigos, de tus abuelos, de tus parientes políticos, de tus convecinos, de tus compañeros de trabajo, de la gente que pasa por nuestro lado. Que lo recibamos y que lo entreguemos… y no olvidemos querernos un poquito más a nosotros mismos.




Esto es lo que para todos deseo en Navidad.